Gabriela Amaya

Gabriela Amaya

Columnista

Es muy importante hacer una reflexión cuando hemos terminado otro año más en nuestra vida, recordar cada propósito planteado y si logramos cumplir alguno de esos sueños o deseos que teníamos al iniciar el año.

Muchos hemos dicho: ¡Año nuevo, vida nueva! Probablemente tenemos muchos proyectos y objetivos por alcanzar para este año que acaba de comenzar, y con mucha emoción nos los planteamos, pero realmente es algo que tomamos con mucha seriedad o solo es algo para entablar una plática con tu familia el fin de año?

¡Año nuevo, vida nueva!  Va más allá de seguir una tradición el último día del año, como el hecho de comer 12 uvas, usar prendas rojas o salir con la maleta a dar una vuelta por la casa. Es realmente plantearnos objetivos alcanzables y medibles,  y que nos esforcemos por convertir ese sueño en una realidad.

En muchas ocasiones no llegamos a cumplir nuestros objetivos por falta de motivación o porque creemos que solo es un sueño más y no una prioridad en nuestra vida. Es ahí donde debemos de hacer la reflexión y darnos cuenta que no nos estamos dedicando el tiempo suficiente a nosotras mismas.

Cada fin de año llega con muchos sentimientos; Alegría, nostalgia, esperanza, gratitud y también un poco de enojó, dolor y drama.

Todos estos sentimientos son parte de los ingredientes con los que preparamos las recetas de nuestra vida. Ignorarlos solo sería quitarle sabor y perder la oportunidad de sazonar con sinceridad.

Tratar de entender la razón o  la naturaleza de estos ingredientes,  sin aprender a vivir con ellos, lejos de ofrecer una respuesta lógica y comprensiva, sólo aumenta el estrés, la angustia y la frustración.

Resulta difícil poder entender la partida de un ser querido o la enfermedad sin cura de algún amigo o familiar y ni se diga la mala suerte en los negocios y la falta de trabajo.

Claro que no debemos de olvidar que seguramente así como hubieron momentos tristes  también hubieron momentos de felicidad,  logros y buenas oportunidades que ponen equilibrio a la balanza, quizá  alguna sonrisa inesperada, un reconocimiento, un reencuentro, una buena plática o simplemente un atardecer espectacular. Siempre tendremos un poquito de todo en un año.

Para comenzar a plantearnos objetivos para este nuevo año y si dentro de esos objetivos o metas está el emprender, debemos hacer una introspección personal y prepararnos para una nueva aventura, para ello tengo unos tips que nos ayudaran a reflexionar.

  • ¿Dónde estamos? Lo primero que debemos de saber es cuál es nuestra realidad, en qué punto de nuestra vida estamos actualmente, ¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Cuál es nuestra visión de vida? ¿Cómo te gustaría verte en 5 o 10 años? ¿Qué harás para lograrlo?
  • Asuntos pendientes, trata de terminar todo lo que comienzas, arregla situaciones familiares o de amistad y así podrás concentrar tu energía en algo nuevo y tengas paz en tu interior.
  • Conoce tus límites, no trates de hacerlo todo, de saberlo todo o de tenerlo todo, eso agota psicológica y físicamente a cualquiera. Hay que concentrarnos en objetivos puntuales y positivos.
  • Libera tu mente de pensamientos negativos, deja un espacio libre para la creatividad, recuerda que esta solo aparece cuando hay un espacio para ella.

Lo importante en este año que está iniciando es que comiences a pensar más en ti y cumplas con lo que te feliz

Disfruta la vida, y en lugar de preguntar el por qué, aprendamos a encontrar el para qué y tengamos una vida con propósitos. 

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Gabriela Amaya

Licenciada en Turismo y Hostelería, Consultora acreditada para la Administración de Centros de Desarrollo Empresarial, Universidad de Texas de San Antonio y en la Metodología de Empresas más verdes y un mejor lugar de trabajo en el sector hotelero, CEGESTI-OIT

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