Gabriela Amaya

Gabriela Amaya

Columnista

Este artículo, va más allá del rol de las mujeres como ejecutivas, pues está dedicado a todas las microempresarias, hijas, madres, esposas, abuelas, para todas y cada una de nosotras, que conformamos una multitud que día a día luchamos por dar lo mejor como mujeres y emprendedoras.

En Centroamérica más del 50 por ciento de la población ocupada lo está en la economía informal. Dentro de este sector de la economía informal, las mujeres se insertan mayoritariamente como trabajadoras familiares no remuneradas y en el servicio doméstico o servicios del hogar. Nada menos que cuidando a nuestros seres queridos…

Un porcentaje importante lo hacen también como microempresarias, en actividades de supervivencia que muy pocas veces logran crecer y consolidarse. De hecho, en la pirámide empresarial las mujeres se concentran en la base, como propietarias de microempresas, y va disminuyendo su presencia a medida que aumenta el tamaño de las empresas.

La incidencia de las mujeres en emprendimiento tradicional es alta, pero no tan notoria vrs al emprendimiento de alto impacto. Para el año 2017 en El Salvador el 64% de las empresas son lideradas por mujeres, según el “Marco integrado de evaluación de un entorno favorable para el desarrollo de mujeres empresarias”, elaborado por la Comisión N acional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE, 2017) el 81% de las personas que trabajan en las 155,712 microempresas urbanas, corresponde a mujeres. Muchas mujeres han sabido aprovechar los recursos que el entorno económico les brinda, para el desarrollo de sus ideas de negocios y así formar parte de esa estadística.

Por distintas razones, las mujeres estamos orientadas a emprender, el deseo de autorrealización, de un auto empleo o la generación de ingresos al hogar, es la motivación principal para una nueva etapa en la vida.

Las mujeres emprendedoras, además de desarrollar su iniciativa de negocio, también tienen que cargar con un alto nivel de tareas en el hogar dentro de vida familiar, lo que en muchas ocasiones frena u obstaculiza la plena realización del emprendimiento o autoempleo. Compatibilizar ambas tareas no es cosa fácil, sobre todo porque estamos hablando de seres humanos educadas y formadas para ser responsables y sacar adelante sus obligaciones.

Crear una empresa o montar un negocio resulta complicado de por sí, las mujeres tienen que lograrlo haciéndole frente a muchas tareas que implican compatibilizarlas con la vida familiar.

 Entorno del Emprendimiento

Antes de comenzar a desarrollar nuestra iniciativa de negocio, hay que considerar algunos factores, internos y externos, dentro del entorno como condicionantes en la generación de empresas:

Factores Externos

  1. Financiamiento: al inicio, de toda empresa tiene condiciones limitadas con el tema del dinero, tomando en cuenta que la tasa de retorno es mucho más tardada.
  2. Clientes: el sentido de tu empresa son los clientes, tendrás que enfocarte en los gustos y necesidades de tu mercado meta.
  3. Competencia: existen otras empresas semejantes a nosotros, es un error no prestarles atención y creer que podemos superarlas o ignorarlas. Busca cuáles son tus competidores y aprende de ellos, sólo así podrás buscar ventajas diferenciadoras.

Factores Internos

  1. Planificación: por más tiempo que pases soñando lo hermoso que se ve tu empresa, tendrás que desarrollar esa idea en un modelo de negocio, y así considerar tu presupuesto inicial.
  2. Actitud Personal: iniciar siempre es lo difícil, no desistas antes de tiempo. Toda empresa necesita un tiempo de consolidación y desarrollo
  3. Habilidades natas: como lo mencionábamos anteriormente, tenemos que identificar cuáles son esas habilidades para poder potenciarlas.
  4. Conocimiento: nadie más conoce mejor tu idea de negocio, es hora de vender lo que te apasiona.

Ser emprendedora debe convertirse en la rebeldía diaria que llevamos dentro y demostrarnos que es posible lidiar con los imposibles sociales. Hagamos que decir: “mujer emprendedora”, sea una redundancia.

“No sabía lo que quería hacer, pero sabía la mujer en la que quería convertirme” (Diane Von Fürstenberg, diseñadora de moda.)

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