Israel Sandoval

Israel Sandoval

Columnista

Era un jueves por la tarde y el equipo de emprendedores (desarrolladores de aplicaciones) seguía discutiendo sobre lo más importante de la experiencia del usuario, sobre qué tan intuitiva sería la aplicación que estaban desarrollando, las diferentes versiones que tendría la aplicación, si la hacían gratis o empezaban con modo de prueba, qué costo le darían a la versión PRO, si le llamaban Premium, etc.

Entre tanta información que sabían los jóvenes emprendedores, adquirida en la Universidad, en lo que leen en diferentes fuentes de información y lo que escuchan, no lograban ponerse de acuerdo, y obvio, el proyecto de la aplicación no empezaba.

Parecía un juego sobre quién tenía la razón, quién sabía más y sobre todo quién es el ganador de la “idea millonaria”. Estaban muy enfocados en no cometer errores y hacerlo todo a la perfección. Por ese mismo motivo, a todas las propuestas le encontraban el lado negativo y la descartaban.

Sentado frente a ellos, les pregunté ¿cuántas aplicaciones han desarrollado en lo individual y en equipo? La respuesta de ambos fue que ninguna. Después les comenté que en su discusión me parecía escuchar a dos expertos en el tema del desarrollo de aplicaciones, y me daba curiosidad las afirmaciones absolutas sobre lo que funciona y no funciona (y en su plática nada funcionaba).

Les pedí que me dieran el nombre de una persona que fuera reconocida en el tema de desarrollo de aplicaciones (en realidad no importaba el nombre, lo importante era que me siguieran el paso en el ejercicio de reflexión). Digamos que el nombre era Gene Belis y es reconocido por el dinero que ha ganado gracias a sus ideas y aplicaciones.

Les pedí que imaginaran que ambos son Gene Belis y que esta aplicación es la primera que van a hacer ¿cuál es el plan Gene? Pregunté.

Después de unos segundos de silencio, el primero dijo: tiene que ser lo más simple posible. Su compañero añadió: no necesita mucho diseño, eso vendrá después. Tendría que tener las funciones básicas y así sacarla a la venta; la primera va en español, etc. (y seguían complementándose).

Al terminar la lista de puntos a realizar, los invité a crear conciencia sobre lo que había sucedido. Y entre varias ideas, coincidieron en que les ayudó imaginarse que era la primera aplicación que van a realizar y que por lo general todas las ideas han sido “pulidas” con el Feedback de los usuarios, y que hay una curva de aprendizaje que la estaban súper alargando precisamente por querer sacar “la idea millonaria perfecta”, al final no llegaban a nada.

Por último, les pedí que como equipo elaboraran algo que les recuerde este aprendizaje, para que les ayude a fluir en el futuro. El equipo de emprendedores construyó su frase: El experto también fue un principiante.

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