Antonio Contreras

Antonio Contreras

Columnista

Éste es el grito de guerra con el que nos tenemos que levantar todas las mañanas los que hemos decidido emprender; motivos tenemos para ello como veremos en las líneas que siguen.

Me gustaría que este primer artículo en la comunidad CAINEM fuera una breve reflexión sobre mi experiencia personal como emprendedor y un mensaje de ánimo y fuerza a todos los valientes que ya lo han hecho o que, en breve, van a emprender.

Durante muchos años he trabajado para los intereses de otras personas; he trabajado para los éxitos y fracasos de otros; me he apasionado y desvivido por los proyectos de otros. Pero ya me cansé de ello; me cansé de dar lo mejor de mí para desarrollar ideas de otros.

No soy de los emprendedores que nace; soy de los que se ha hecho con el paso de los años; así, justamente hace dos años me llegó esa llamada vital para centrarme en mí como persona, profesional e, incluso, proyecto empresarial.

La profesión de emprendedor es de alto riesgo; es muy difícil salir a actuar a “la pista de la vida” sabiendo que lo haces sin red de seguridad. Convergen en el emprendedor actitudes positivas como la iniciativa, astucia, entre otras, con sentimientos negativos que hay que dominar y superar; el emprendedor tiene que sentirse “cómodo” en la incomodidad, “cómodo” con el riesgo, la soledad, el miedo… ¡Cuántas grandes ideas, amigos, habréis conocido que no han llegado siguiera a nacer como proyectos y cuántas otras han muerto al poco tiempo de empezar a andar por no tener sus promotores actitudes positivas o no saber gestionar los sentimientos negativos!

¡El mundo está a nuestros pies! El mundo ha sido siempre de los audaces. Creo, sinceramente, que los emprendedores tenemos razones de sobra para pensar de esta forma:

  • Nunca nuestro mundo ha sido tan abierto como el que hoy vivimos. No hay distancias. Mañana mismo, si quiero, puedo estar en cualquier país de América tomándome un café con cualquier compañero CAINEM; no hace mucho la travesía del Atlántico era toda una proeza para la humanidad.
  • Las nuevas tecnologías han revolucionado las comunicaciones. Para los que ya tenemos unos años y hemos llegado a trabajar con la máquina de escribir, el fax, entre otros artefactos de “anticuario” (¡y puedo decir todavía que soy joven!), no deja de sorprendernos que se puedan mantener videoconferencias y mensajes instantáneos con compañeros y amigos a miles de kilómetros de distancia. ¡Es una maravilla!
  • Vivimos en un mundo digital que nos ofrece nuevas oportunidades de negocio y de trabajar; si sabemos aprovecharlas, el mundo está en nuestras manos con un simple “click”.
  • Es fabuloso compartir un mismo idioma con la comunidad hispanoamericana; las posibilidades personales, profesionales y mercantiles son infinitas. 500 millones de personas podemos comunicarnos de forma natural con una misma lengua.
  • Existe una percepción general de que los problemas de desempleo que viven las sociedades modernas se resolverán, en parte, con innovación y emprendimiento. Aquí, en España, como imagino en otros países, las autoridades a todos los niveles (europeo, nacional, regional y local) llevan años impulsando políticas públicas de apoyo al emprendedor. Son muchas las oportunidades que se brindan.
  • Las posibilidades de financiación son grandes; cada proyecto, según su envergadura, puede encontrar su justa solución de inversión.

Todas las anteriores razones las he puesto en práctica para poner el mundo a mis pies; con mis socios y colaboradores de Nicaragua y Guatemala mantengo contacto permanente sobre la evolución de mi negocio por videoconferencia y mensajería instantánea; el idioma español nos facilita la comunicación; el mundo digital nos ofrece visibilidad y mejora la comercialización de nuestros servicios; y podemos acogernos a diferentes fórmulas de financiación que se ajustan a un proyecto pequeño como el mío.

Decidí hace tiempo ser dueño de mi futuro y trabajar para mí; decidí llorar mis fracasos y disfrutar mis logros. Todas las mañanas me levanto gritando “!Soy el rey del mundo!”

Si tienes una idea, primero, madúrala; ello te va a llevar un tiempo; segundo, inicia en tu fuero interno un proceso de reflexión entre esos sentimientos encontrados de los que hablaba al inicio del artículo; cuando te encuentres cómodo en la incomodidad, será tu momento “para comerte el mundo”; tienes razones para ello. ¡Atrévete!

Por: Antonio Contreras Almendros

 

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