Alvaro Cabo

Alvaro Cabo

Columnista

Desde pequeño he querido inventar o idear algo con lo que poder ganar dinero para comprarme los libros que me gustan, las monedas o billetes que colecciono, para viajar, para pagarme clases de idiomas o campamentos para aprender y relacionarme con niños de otros países.

Pero los niños emprendedores siempre nos encontramos con las mismas dificultades: no tenemos edad para pedir un préstamo y no disponemos de dinero propio.  Pero sí tenemos ideas que se tiran a la basura porque se supone que nosotros no estamos formados ni maduros para forjar una empresa o idear un proyecto fructífero, que incluso dé trabajo a personas adultas. En el mundo hay casos de niños que gracias a que les han dado la oportunidad, han sido capaces de sacar una adelante una idea e incluso a su familia.

El emprendimiento no tiene edad y cuanto antes empecemos a desarrollarlo en nuestras vidas mejor, por lo que en las escuelas deberíamos aprender sobre la vida emprendedora desde primaria, incorporando la materia de Economía, ya que deberíamos tener este espíritu desde muy temprana edad.

Ser emprendedor no significa poner un negocio, es mucho más.

Cuando tenía cinco años a mi mamá le hicieron un grafiti en su tienda de decoración y yo me sentí muy mal, primero porque no entendía que alguien fuera capaz de hacer eso y segundo porque vi a mi madre muy molesta. Entonces, durante la siesta, estuve ideando una manera de poder limpiar el grafiti y surgió “la máquina contra grafitis” (hice un plano en un papel) con muchos cables y enchufes que lanzaba agua y arena a presión por una manguera. Me llevé un chasco al saber que ya lo habían quitado sin usar mi máquina, no obstante, gané 10 € por mi invento ya que les impresionó a todos mi ocurrencia. Gracias a que mis padres alentaron mi iniciativa, seguí adelante con mis proyectos.

Un año después, quise poner en marcha un periódico que se llamó “El heraldo Ranger” en el que además de hablar de lo que en ese momento me gustaba mucho, los Pokémon, pretendí hacer con él un negocio que consistió en fichar a unos compañeros de mi clase, para que cada uno escribiera una sección semanal por la cual, les pagaba 2 € al mes por cabeza. Con esa iniciativa me presente ante el director de primaria para que cuando el periódico estuviera listo hiciera una tirada de algunos ejemplares y así lo pudieran leer otros compañeros y contagiarles el espíritu periodístico. ¿Cuál fue su respuesta? Nosotros no tenemos presupuesto ni tiempo para hacer fotocopias, por lo que mis compañeros se rindieron y me quedé solo en el intento.

Otro día leí que había niños que para ganarse un dinero extra en otros países como Estados Unidos, Inglaterra y Francia hacían limonada y galletas en sus casas y después lo vendían en la calle, también otros cortaban el césped, repartían periódicos, hacían tareas domésticas o sacaban a los perros a pasear, y entonces yo quise hacerlo, pero me encontré con un problema: en España, mi país de origen, un niño no puede tener un trabajo remunerado.  Y yo pienso ¿cómo se quiere fomentar el espíritu emprendedor entre los niños si no podemos poner desde pequeños nuestro propio negocio?

Por: Alvaro Cabo.

Quiero ser un niño Emprendedor

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